Los Encuentros Mundiales de las Familias.

SimonRueda

Fernando Simón.
Delegado Episcopal de Familia

1.- Un profundo agradecimiento a Benedicto XVI

En estos momentos en que la Iglesia vive un momento de expectación en la espera confiada del don de un Pastor que presida en la caridad, confirme en la fe y consolide la esperanza, las primeras palabras no puede ser otras que las de un intenso agradecimiento a Benedicto XVI.

En lo que respecta a la familia cristiana, la solicitud pastoral del Papa Emérito ha ido acompañada por el gozoso anuncio del Evangelio de la familia subrayando, constantemente, la grandeza y la belleza del matrimonio y de la institución familiar. El Santo Padre no se ha limitado a evidenciar los problemas vinculados a la familia y a la vida – denuncia profética que, por otro lado, ha hecho con firmeza, claridad y caridad- , sino que ha enseñado el plan de Dios establecido desde el principio. El matrimonio es la comunión de vida entre el hombre y la mujer fundada en la lógica del don de sí propia de un amor total, fiel, recíproco y fecundo y que otorga un horizonte para vivir: la promesa de construir una casa.

Sin embargo, aquí no termina la grandeza y la belleza del matrimonio, ya que éste es el signo y la presencia en la historia de los hombres de la comunión que Dios quiere hacer con cada persona, signo y presencia de la alianza esponsal de Cristo con la Iglesia. De esta manera, como audazmente ha enseñado Benedicto XVI, el amor esponsal entre el hombre y la mujer es el arquetipo del amor de Dios que se une al amor humano para transformarlo y convertirlo en el reflejo fiel del Corazón traspaso por amor en la Cruz.

La atención prioritaria que Benedicto XVI ha dado a la familia se ha puesto de manifiesto cuando ha propuesto una auténtica emergencia educativa para que la libertad de la persona sea capacitada, mediante las virtudes, para vivir en la verdad y poder tomar decisiones que comprometan la vida de la persona y le den el sentido adecuado para vivir. Se trata, en definitiva, de descubrir la vocación que integra las acciones del hombre y aprender a amar según el modelo de la caridad de Cristo en la Cruz. Y la escuela de este aprendizaje es la familia.

Allí, como nos ha enseñado el Papa emérito, cada persona puede afrontar las causas de tantas crisis familiares: una libertad estructurada desde la lógica del don y de la comunión y no según los criterios de una autonomía individualista, y un modo de hablar la sexualidad con el lenguaje esponsal acorde a la verdad del ser humano rescatándola de las reducciones a las que le ha sometido la revolución sexual, la segunda y más ideológica filosofía del género, y la cultura de la muerte.

Por último, la acción de gracias se completa con las innumerables ocasiones en las que el Papa Emérito ha insistido en la importancia nuclear que tiene la familia como iglesia doméstica para la vida y la misión de la Iglesia. Sin ella, no es posible el adecuado nacimiento y crecimiento del sujeto moral y del sujeto cristiano. Sin ella, no es posible la evangelización. Sin ella, no se pude manifestar el ser de la Iglesia como misterio de comunión.

 

2.- Los Encuentros Mundiales de las familias.

 

encuentro_familiasCon motivo del Año Internacional de la Familia (1994), tuvo lugar en Roma el Primer Encuentro Mundial de las Familias con el Santo Padre. Se trataba de una magnífica propuesta fruto de la enorme creatividad pastoral que tenía el Beato Juan Pablo II y que se enmarcaba dentro del nuevo ardor, los nuevos métodos y las nuevas expresiones que debían estructurar la Nueva Evangelización, en este caso, de las familias.

Desde aquel memorable evento, se han sucedido siete Encuentros Mundiales que han supuesto verdaderos acontecimientos de gracia para las familias peregrinas, para la Iglesia y para la sociedad que ha podido contemplar con asombro la realidad de hogares que están cimentados sobre roca.

a). Los siete Encuentros han supuesto un testimonio vivo, una predicación del Evangelio de la familia.

Ante la sociedad, han testimoniado que es posible la esperanza de poder vivir la verdad que habita el corazón de todo hombre: la necesidad de un hogar donde se le ofrezca una comunión de vida mediante un amor total y fiel que le haga ser fecundo.

Ante la Iglesia, el testimonio de los Encuentros mundiales ha permitido caer en la cuenta del protagonismo que las familias tienen y quieren tener para la pastoral familiar que se desarrolla en las diócesis. Por ello, han supuesto una valiosísima enseñanza para los pastores de la necesidad que tienes de fomentar una comunión estrecha con las familias cristianas para una mayor fecundidad pastoral.

b). Cada Encuentro Mundial ha sido una verdadera fiesta de las familias. El ambiente que el Espíritu Santo ha creado en cada Vigilia de oración y en cada Santa Misa con el Papa ha estado marcado por la celebración y por la alegría.

La fe es la puerta que ha permitido a cada familia cristiana recibir un don precioso, la posibilidad de vivir una vida sellada con la presencia del Espíritu y que se constituye en un camino que conduce a una vida lograda y plena. El impulso íntimo de esa vida es la caridad, don maravilloso del Espíritu Santo, que sana y eleva el amor humano de los miembros de la familia y lo va transformando en el amor de Cristo, el Esposo. La fe y la caridad permiten a las familias cristianas vivir en una esperanza inquebrantable en que el Señor guía el hogar en medio de sus gozos y sufrimientos y que cumple la promesa que ha hecho a los esposos.

De esta manera, fe, esperanza y caridad, configuran la vida familiar y son la fuente de una gran alegría que se ha traslucido en cada Encuentro Mundial de las Familias. En definitiva, han sido la continuación en el tiempo de la celebración festiva de las bodas de Caná.

c). Los Encuentros han estado precedidos por un Congreso teológico pastoral en los que se ha manifestado la vitalidad de la pastoral familiar que cobra cada vez más vigor en las diócesis del mundo. En estos congresos, no solo se ha percibido el interés creciente de los seglares que reclaman una mayor formación y acompañamiento para ser sujetos activos en el servicio a las familias, sino que se ha ido subrayando, cada vez con mayor fuerza, la necesidad de una profunda revisión de la pastoral familiar que ha de ser rescatada de la ambigüedad a la que se le ha sometido en las últimas décadas: pastoral reducida a un sector determinado de evangelización; centrada habitualmente en los cursos de preparación al matrimonio y no en la familia; destinada a un tiempo concreto y no a un acompañamiento que dure toda la vida; y llevada habitualmente por «agentes de pastoral especializados». En este sentido, los Congresos han tratado de presentar la pastoral familiar como una dimensión esencial a toda acción evangelizadora, integral, transversal, progresiva y con las mismas familias como sujetos principales.

d).  Por último, la presencia del Santo Padre en los distintos Encuentros ha puesto de manifiesto la estrecha vinculación entre el ministerio petrino y la vida de las familias. La misión del Papa de confirmar en la fe se continúa con la misión de la iglesia doméstica que es el ámbito donde la fe se transmite, se celebra y se hace vida. La cercanía, el cariño y el magisterio del sucesor de Pedro en cada Encuentro de las Familias han sido la enseñanza más evidente de que la Iglesia necesita de la pequeña iglesia que es la familia. “La nueva evangelización depende en gran parte de la Iglesia doméstica (…). De hecho, la familia es camino de la Iglesia porque es «espacio humano» del encuentro con Cristo”, Benedicto XVI, Discurso a la Plenaria del CPF (1 de diciembre de 2011).

Fernando Simón
Delegado Episcopal de Familia